¡Ay, amigo! Pues mira, si me pides que te hable de Almonacid de Toledo, me pides que te hable de un sitio con alma, de esos que se te clavan en la memoria. No es un pueblo grande, no, pero tiene un algo que te agarra.
Es tierra de La Mancha, de aire limpio y horizontes anchos. Un «pueblito» de buena gente, de esos donde todavía se dan los buenos días con franqueza.
Pero si quieres que te diga lo que de verdad te va a encoger el corazón, es su castillo.
Imagínate que vas por la carretera, por esa llanura manchega, y de repente, en lo alto de un cerro que parece puesto a mano, se levanta una fortaleza. No es un castillo de cuento de hadas, no. Es un castillo de verdad, curtido por el sol y el viento. Es el Castillo de Almonacid.

La leyenda que susurra el viento
Más que una leyenda de fantasmas, Almonacid tiene una historia de valor que se ha hecho leyenda.
Verás, ese castillo que te quita el hipo no es solo un adorno. Fue el escenario de una de las batallas más duras de la Guerra de la Independencia, allá por 1809: la Batalla de Almonacid.
Cuentan los mayores del lugar que el cerro se tiñó de rojo. Los españoles, con más corazón que armas, se enfrentaron a las tropas de Napoleón. Fue una carnicería, una lucha terrible.
Cuando subas al castillo y sople el viento, que allí sopla, ¡vaya si sopla!… cierra los ojos…. son los susurros de esos soldados, el eco de los cañones, la memoria de la gente que defendió esa tierra.
Cuando bajes del castillo, el pueblo te espera con los brazos abiertos. No te pierdas:
La Iglesia Parroquial de San Antonio Abad: Es el corazón del pueblo. Una iglesia recia, bonita, con su torre que se ve desde lejos. Entra un rato, que dentro se está fresquito y se respira paz.

La Ermita de Nuestra Señora de la Oliva: Aquí tienen a su patrona. Es un sitio muy querido por la gente de Almonacid, un lugar de devoción al que le tienen mucho cariño.
Pasear por sus calles: Esto es lo mejor. Piérdete por los callejones estrechos, mira las casas con sus fachadas encaladas. Es un pueblo para pasear sin prisa, oliendo a lumbre en invierno y a campo en verano.
«Ponte las botas, buen amigo, y camina. Aquí, el sendero no es solo tierra, es una hebra de la historia que se alarga. Subir a un cerro como el del Buen Vecino es levantar el ánimo; cada paso te quita el polvo del camino y te deja el alma limpia.»
«Cuando marches y el Castillo solo sea ya un punto en el espejo… ¿Con qué pedacito de alma de esta tierra volverás a tu casa?»

Aquí, en Almonacid, el mejor recuerdo que te puedes llevar no se mira, ¡se come!
Y el sitio clave para cumplir con esta bendita obligación es Quesos Fuente Albeitar.
Su joya de la corona, el queso manchego en todas sus curaciones.
Pídeles a los dueños, con esa franqueza de La Mancha, si te pueden enseñar la quesería… Verás cómo su trabajo tiene tanta alma como el castillo que nos mira desde el cerro.
¡Brindemos desde lejos con el sabor de este queso, y que cada bocado os sepa a gloria manchega! ¡Hasta pronto, alhaja!